Archive | abril 2013

“El Perú, en la visión de un joven filósofo”: crónica de Jorge Zavaleta

En ocasión de la misa de año celebrada en recuerdo del Dr. Adolfo Céspedes, el periodista y tío de Adolfo, Jorge Zavaleta Alegre, publicó este post en su blog “Papel de árbol”. Más allá de una crónica del evento en memoria del Dr. Céspedes que tuvo lugar en Trujillo, Jorge Zavaleta destaca su compromiso con el desarrollo local, en sus propias palabras, “como el camino para fomentar ciudades sostenibles, con justicia y equidad social”.

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Entre la juventud y la muerte

En 1996, Adolfo Céspedes publicó un artículo en ocasión del deceso de su amigo y compañero de estudios del Colegio Claretiano de Trujillo Eduardo Arce Sánchez. Hoy, un año después de su propia muerte, las reflexiones del Dr. Céspedes cobran un significado especial. Reproducimos a continuación el texto íntegro.

“A veces nos encontramos con la muerte sin siquiera darnos cuenta. Un día reímos y al otro lloramos con la mayor espontaneidad. ¿Por qué, por qué a mí?, se preguntan muchos, pero lamentablemente la respuesta no es tan fácil de dar. Son las circunstancias de la vida, lo inevitable, lo detestable, pero al fin y al cabo lo que tiene que suceder. ¡Qué horrible sería si supiéramos el día de nuestra muerte!, viviríamos atormentados  esperándola, no sabríamos qué hacer con nuestra vida, el conformismo se erguiría sobre nosotros devastadoramente, la esperanza en el mañana no existiría, es por eso que todo está ordenado racionalmente.

Articulo La Industria Adolfo CespedesLa muerte llega sin avisar y en cualquier momento, pues de barro estamos hechos, somos imperfectos y contingentes. Pero también hay belleza en la muerte. La parte más pura de nuestro ser viaja a dimensiones etéreas y desconocidas para el hombre. Las palabras perfección, gloria, se acercan cada vez más al hombre. Pero lloramos, sufrimos porque ese ser querido jamás estará a nuestro lado nuevamente, porque ya no compartiremos más momentos con él… y los recuerdos atormentan y lastiman en lo más hondo, mas esas lágrimas representan el sentido de la existencia de esa persona en la tierra, cada lágrima constituye un recuerdo, un hecho memorable, una palabra, una sonrisa, un beso y un abrazo, y eso nos hace ver que su vida no fue en vano, no pasó sin dejar rastro, no cayó en el olvido sino que llenó de profunda alegría la vida de los que lo rodearon.

Pero también en ese momento pensamos que nos puede suceder a nosotros, y temblamos, temblamos de miedo porque no nos sentimos preparados para un cambio de esa naturaleza, y vemos hacia el pasado con horror porque comprendemos todo el mal que hemos hecho y sabemos que la muerte no distingue edades, ni condiciones, ni rostros o razas. Es bueno estar preparado para aquel doloroso momento y tener la plena confianza que nuestra existencia haya sido lo mejor que hayamos podido dar de nosotros mismos, que hayamos trascendido de nuestra imperfección hacia algo superior.

Hace algunos días muchos jóvenes trujillanos sentimos con dolor la pérdida de una incomparable persona, “Lalique” le decíamos y así los seguiremos llamando por siempre. Yo estoy seguro que si él estuvo preparado para ese momento, ¡cómo quisiéramos estar así muchos de nosotros! Las miles de lágrimas derramadas son el fiel testimonio. Descansa en paz, buen amigo.”

Adolfo Céspedes Zavaleta

Artículo publicado en el diario La Industria de Trujillo en fecha 09-02-1996